Pedro, el cabrero
Cada mañana Pedro llega al pueblo y toca su cuerno para llamar a las cabras de sus habitantes. Con el rebaño reunido sube a los verdes pastos de los Alpes donde crecen hierbas frescas y flores olorosas.
En aquellos tiempos Pedro no era ni mucho menos el único niño pastor. En el siglo 19 e incluso más tarde, en las vacaciones escolares desde primavera hasta otoño, se necesitaba la mano de obra de los niños en el campo.
Si en su casa no había trabajo para ellos, estaban obligados a buscar su propio sustento. Así que cada año en marzo centenares de niños y niñas buscaban trabajo en casa de otros campesinos. Allí se quedaban hasta la vuelta a la escuela en octubre, por mucho que les costara soportar la dura vida del campo y que añoraran a su familia.
Independientemente del tiempo los niños guardaban los animales desde la mañana hasta la tarde. Su jornal era modesto, la mayoría de las veces se limitaba a alojamiento y comida gratis, alguna prenda de vestir y un poco de dinero de bolsillo.
Dado que en aquellos tiempos era habitual que en primavera y verano, cuando no había clase, los niños ayudaran en su propia casa o en casa ajena, Johanna Spyri quiso reflejar este aspecto de la historia suiza en el libro de Heidi.